Aquel frio y sumiso invierno (I)

Era una noche de enero, hacía mucho frio y la verdad es que no tenía la menor gana de salir a la calle. Mi novia me había llamado a media tarde para decirme que se iba con unas amigas a celebrar el cumpleaños de una de ellas, por lo que mis esperanzas de sexo en esa noche quedaron anuladas.

Me puse a ver, en la tele, uno de esos canales locales en los que funciona un chat vía sms. Todos los anuncios parecían iguales, chicos gays buscando una buena polla hetero que llevarse a la boca o chicos solos que se ofrecían a parejas. Me pregunté si alguno de los segundos conseguiría alguna vez su objetivo…  los primeros estaba claro que si. Pocos dicen que no a una buena mamada.

Cuando ya estaba a punto de cambiar de canal apareció un anuncio que me intrigó, de hecho, consiguió ponerme cachondo con solo leerlo.

Decía algo así:

“Ama trans muy dotada y con grandes pechos busca chico joven para someterlo a sus deseos y convertirlo en su esclavo sexual”

El anuncio dejaba también un número de teléfono para contactar con ella.

Intenté pensarlo durante unos segundos, pero mi corazón se puso a mil, no podía razonar. Cogí mi teléfono y marque el número…

Me contestó una voz muy sensual, me dijo que buscaba lo que había puesto en el anuncio y me preguntó si realmente estaba interesado, que fuera consciente que una vez aceptado, mi cuerpo le pertenecería totalmente a ella.

Sin pensarlo le dije que sí, mi excitación había aumentado considerablemente, casi me temblaba la voz. Hablamos unos minutos y me dio la dirección donde me estaría esperando.

– Es una zona muy tranquila, dijo, nadie nos molestará.

Colgué el teléfono y fui rápidamente a darme una buena ducha. Acto seguido agarré las llaves del coche y me dirigí a la dirección que me había facilitado.

Al llegar vi que se trataba de una de las urbanizaciones más caras y lujosas que rodean mi ciudad. Pensé que debía tratarse de alguien con mucho dinero, acostumbrado a este tipo de relaciones. He de confesar que se trataba de mi primera vez con una transexual, ofreciéndome como sumiso y sin haber pactado nada antes. Algo incluso surrealista para mi. La verdad es que estaba algo asustado, pero la excitación era mayor…

Llegué a la puerta de su casa, un chalet con un pequeño jardín que lo rodeaba, tal como me dijo, parecía muy tranquilo. Llamé al timbre y no contestó nadie, esperé unos segundos y volví a llamar. A la segunda llamada se abrió la puerta y pasé al jardín, en dirección a la casa. Cuando estaba llegando, se abrió la puerta pero no salió nadie. Me acerqué, la abrí y de repente un gran manotazo llegó hasta mi cara.  

- No me gusta lo que has hecho con el timbre, me dijo, al verme sobresaltado por el recibimiento.
- Tu obligación era esperar a que yo te abriera, pero cuando yo hubiera querido. Tu insisténcia me ha molestado.

No dije nada, pero pensé que antes de entrar ya había defraudado a mi posible Ama y que eso no sería muy bueno para mi…  

- Desnúdate!, quiero verte…

Así lo hice, de la forma más rápida que pude me saque toda la ropa y la dejé junto a mi, en el suelo, quedándome completamente desnudo y con la puerta aun abierta tras de mi, lo que provocaba que entrara un frío espantoso desde el exterior…

- Ahora, sal a la calle y vuelve a llamar, a ver si esta vez lo haces mejor.

Salí y crucé el jardín, cerré la verja tras de mí mientras escuchaba cerrarse la puerta de la casa y volví a llamar al timbre. Esta vez dejó que pasaran casi diez minutos y cuando ya me estaba empezando a congelar escuché el sonido del interfono abriendo la puerta…  entré casi corriendo, con todo el cuerpo entumecido y me quedé en la puerta de la casa, esperando su permiso para entrar (no quería causar más problemas).

- Entra perro! …cierra la puerta y espérame de rodillas, ahora salgo.

Siguiendo sus ordenes, me arrodillé en el parquet esperando su llegada.

Cuando la vi llegar me estremecí, antes no había podido admirarla correctamente, pero ahora estaba frente a mi con todo su esplendor. Era alta, con grandes y hermosos pechos y con una melena pelirroja que le llegaba hasta el culo, era preciosa.
Una minúscula falda negra de látex y unos sujetadores a juego eran su única vestimenta.
Llevaba un collar y una correa de perro en la mano. Al llegar junto a mi, lanzó el collar al suelo y me ordenó que me lo pusiera inmediatamente.

Obedecí sin rechistar, ella ató la correa al collar y tirando de mí me llevó al interior de la casa. Recorrimos un pequeño pasillo y llegamos a una habitación muy oscura en la que solo podía adivinar una gran cama en el centro.

- Al suelo perro, junto a la cama!  …voy a pensar que hago contigo.

Obedecí y me eché junto a la gran cama, con la cara mirando al suelo. Ella se sentó en la cama usándome de alfombra. Encendió un cigarrillo y me habló:

- Date la vuelta perro! Quiero ver tu cara.

Levantó los pies para facilitar el giro y obedecí. Mientras, con sus pies, empezó a manipular mi polla y aplastar los testículos, me ordenó que abriera la boca para usarla de cenicero, ya que necesitaba uno y en la habitación no tenía.

Volví a obedecerla, y ciertamente, mi excitación ya era imparable. Me sentía completamente a su merced…  y me gustaba.

Continuará….

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